los enemigos del cristiano EL MUNDO

El mundo

Tu segundo enemigo es el mundo. La palabra mundo se refiere al cosmos, este sistema mundial. El mundo tiene la tendencia de arrastrarnos al pecado, a los malos compañeros, los placeres, las modas, las opiniones y planes del mundo.

Verás que en tu experiencia del nuevo nacimiento, tus placeres han sido elevados a un nivel enteramente nuevo y glorioso. Muchos no cristianos, han señalado a la vida cristiana como una colección de reglas, tabúes, vetos y prohibiciones. Esta es otra mentira diabólica. Pues la vida en Cristo no es una serie de prohibiciones, sino de exhortaciones positivas. Estarás tan ocupado en la obra de Cristo y tan satisfecho con él, que no tendrás tiempo para las cosas del mundo.

Supongamos que alguien te ofreciera un plato de migajas, después de haber saboreado un buen bistec. Dirías: “Gracias, pero estoy completamente satisfecho.”

Joven cristiano, he aquí el secreto. Estarás tan lleno de las cosas de Cristo, tan enamorado de las cosas de Dios, que no tendrás tiempo para los placeres pecaminosos de este mundo. La Biblia dice: “El hombre saciado desprecia el panal de miel; pero al hambriento todo lo amargo es dulce” Prov 27.7.

Lo mundano, sin embargo, ha sido mal entendido de parte de miles de cristianos. Necesitamos, en parte, aclararlo. Es probablemente una de las más grandes dificultades que confronta el cristiano nuevo y sin experiencia.

El doctor Griffith Tomas ha dicho: “Hay ciertos elementos en la vida cotidiana que en sí no son pecado, pero que tienden a conducir al pecado si uno abusa de ellos. El abuso, literalmente significa el uso extremado, y en muchas ocasiones el uso excesivo de las cosas lícitas, llega a ser pecado. El placer es lícito en cierta medida, pero ilícito en abuso. La ambición es una parte esencial del verdadero carácter, pero debe dirigirse hacia cosas lícitas y moderadamente. Nuestras tareas diarias, como leer, vestir, tener amistades y otros aspectos similares de la vida son todos lícitos y necesarios, pero fácilmente llegan a ser ilícitos, innecesarios y perjudiciales. El pensar en las necesidades de la vida es absolutamente esencial, pero también puede fácilmente degenerar en ansiedad. Y entonces, tal como Cristo nos recuerda en la parábola, los afanes de esta vida ahogan la simiente espiritual en el corazón. El ganar dinero es necesario para la vida diaria, pero esa necesidad bien puede degenerar en amor al dinero, y entonces la decepción de las riquezas entra en la vida y la arruina.  Así que el espíritu mundano no se concreta a una sola categoría, clase o esfera de la vida, de manera que no podemos separar a una de la otra o llamar a una mundana, y a la otra no mundana, a la una espiritual y a la otra no espiritual. La mundanalidad es un espíritu, una atmósfera, una influencia que impregna toda la vida y la sociedad, que debe ser vigilada constante y tenazmente”.

La Biblia dice: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo” 1 Juan 2.15. La Biblia además advierte que el mundo y “sus deseos” pasarán, “mas el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” 1Juan 2.17.

Sin embargo, bajo ciertas condiciones, estos llegan a ser problemas que perturban nuestra vida en los tiempos actuales. Muchos jóvenes me preguntan: “¿será malo esto o aquello? ¿Será pecado esto o aquello?” Una pregunta sencilla que podrás hacerte sinceramente y con oración, resolverá el noventa por ciento de los problemas de esta naturaleza. Hazte esta pregunta cada vez que te encuentres dudoso de cómo actuar: “¿Qué quisiera Cristo que hiciera yo?”  Otra pregunta será: “¿puedo pedir su bendición sobre esta empresa? ¿Qué pensará Cristo de mis diversiones, recreo, lectura, compañeros y programas de televisión? ¿Puedo pedirle a Cristo que venga conmigo a este particular evento?”  Siendo omnipotente y omnipresente estará allí de todas formas. El punto es, ¿debes estar tú?

Esto no significa que en la sociedad seamos presumidos o que asumamos una actitud de superioridad, porque ello nos pondría en peligro de adquirir un orgullo espiritual, lo cual sería mucho peor que el ser mundano. Pero hoy día, hay tantos cristianos profesos que se amoldan con el mundo de tal modo que no se nota la diferencia entre ellos y el pecador. Esto no debe ser.

El cristiano debe resaltar como diamante sobre un fondo áspero. Debe ser más puro que los demás. Debe portarse correctamente, observar buena conducta, ser cortés, culto y afable, pero firme en lo que hace y lo que no debe hacer. Debe reírse y ser alegre, pero no debe permitir que el mundo lo baje a su nivel.

La Biblia dice que “todo lo que no proviene de fe, es pecado” Romanos 14.23 y otra vez, que el que duda, está condenado. En otras palabras, nunca debemos hacer nada que no esté perfectamente claro y diáfano. Si tienes alguna duda con respecto a lo que te perturba, sobre si es bueno o no, lo es no hacerlo.

LOS ENEMIGOS DEL CRISTIANO - EL DIABLO

Primero, el diablo.
Ya hemos visto que el diablo es un ser poderoso que se opone a Dios y tienta al pueblo de Dios. Nos hemos enterado de que aunque fue derrotado en la cruz por Cristo, tiene aún poder para influir sobre los hombres, para mal. La Biblia le llama “el malo”, “el diablo”, “homicida”, “mentiroso, y padre de mentira”, “adversario” que busca a quien devorar, “la serpiente antigua” y “acusador de nuestros hermanos”  Mateo 13.19; Lucas 4.3, Juan 8.44, 1 Pedro 5.8, Apoc.12.9-10.

El momento en que te decidiste por Cristo, el diablo sufrió una tremenda derrota, y ahora está muy airado contigo. De aquí en adelante, va a tentarte y procurar que peques. No debes alarmarte, pues no puede robarte la salvación, y no es necesario que te prime de tu seguridad y victoria. Hará todo lo que pueda para sembrar la semilla de la duda en tu mente. Te hará dudar de la realidad de tu conversión. No puedes alegar o discutir con él, pues es el más grande polemista de todos los tiempos.

El momento de prueba se presentó con la primera tentación. No te confíes de tus sensaciones; ellas cambiarán como veleta ante los vientos. Su segundo ataque será tal vez el hacerte sentir orgulloso e importante, el hacerte confiar en tus propias fuerzas, ambiciones y motivos. En otra ocasión, quizá pondrá odio en tu corazón. Te tentará para hacerte hablar mal de otras personas, o para criticarlas. Traerá envidia, descontento y malicia a tu corazón. Y luego te tentará a mentir, y fácilmente quedarás convencido de ser hipócrita. La mentira es uno de los peores pecados y puede cometerse en pensamiento, palabra o hecho.  Todo lo que tenga como fin engañar a otra persona es mentira. El diablo hará lo posible para hacer de ti un mentiroso. El también tratará de que tú trabajes para él, tentando a otros. Si no tienes cuidado te hallarás realmente al servicio del diablo. El es poderoso, mañoso, astuto, ladino y sutil. Es llamado el “dios de este siglo”, “el príncipe de este mundo” y “el príncipe de la potestad del aire” 2 Corintios 4.4, Juan 12.31, Efesios 2.2.

El diablo va a tratar de desanimarte y distraerte; va a procurar neutralizar tu testimonio; va a intentar cualquier cosa con tal de destruir tu relación con Cristo y tu influencia sobre otros.

¿Cómo podrás vencerlo? ¿Qué podrás hacer? ¿A dónde acudirás? ¿Hay medio para escaparte de él?

“No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” 1 Corintios 10.13.

Hace algunos años escuché a mi amigo J.Edwin Orr comparar al creyente atacado por Satanás a un ratón a quien un ama de casa trata de acorralar armada con una escoba. El ratón no se queda quieto contemplando a la señora o la escoba, sino que anda bien ocupado buscando un agujero, una manera de escapar. De igual manera, los cristianos bajo ataque satánico deben buscar una “manera de escapar.”

Dios dice en este versículo que ha provisto la salida. Recuerda que la tentación de parte del diablo no es evidencia de que Dios no apruebe tu vida. Es más bien una señal de que andas bien con Dios. La tentación no es pecado. Recuerda también que Dios nunca tienta a sus propios hijos. Nunca hace que sus hijos duden. Todas las dudas y tentaciones vienen del diablo. Recuerda, además que el diablo solamente puede tentar. Nunca puede obligarte a caer ante la tentación. No te olvides de que Satanás fue derrotado por Cristo. Su  poder es nulo en la vida de un cristiano que confía completamente, y que se entrega y depende de Dios.

El poeta lo expresó así:     EL DIABLO TIEMBLA CUANDO VE ORANDO AL MÁS DÉBIL DE LOS SANTOS.

Decir que Satanás va a quedar derrotado cuando leemos o citamos las Escrituras o que va a correr como un perro apaleado cuando le resistimos, es una simplicidad. Pero sí podemos confiar en la sangre de Cristo cuando nos vemos atacados. Hay ocasiones cuando lo que debemos hacer es refugiarnos en Cristo y dejarle a él que maneje nuestros problemas. Judas dice: “Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando con él por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él, sino que dijo: El Señor te reprenda” Judas 9.  Eso es lo que necesitamos, remitir a Dios nuestra causa.

La Biblia dice que debemos “resistir al diablo” y de nosotros “huirá”. Pero primeramente Dios dice: “Someteos, pues, a Dios”  Santiago 4.7.  Si te has sometido completamente a Dios, si estás ciento por ciento entregado y rendido a Cristo, entonces sí puedes “resistir al diablo”, y la Biblia promete que huirá de ti. El diablo temblará mientras oras. Será derrotado cuando citas o lees un pasaje de la Biblia contra él, y correrá cuando le resistas.

arrepentimiento

EL ARREPENTIMIENTO NO ES SIMPLE EMOCIÓN

Cuando hablo del arrepentimiento, no hablo del antiguo banco de penitentes. Muchos han enseñado que para arrepentirse, es necesario lamentarse un determinado tiempo como preparativo para la salvación. Un señor me dijo que hace muchos años, en la noche en que halló a Cristo, pasó al frente del auditorio y al estar arrodillado junto al altar, buscando a Dios, una hermana se le acercó, le dio una palmada en la espalda y dijo: “¡sostente, hermano!. Si quieres hallar a Dios tendrás que sostenerte.” Unos momentos después llegó un oficial de la iglesia, le golpeó en la espalda y le dijo: “¡No te esfuerces tanto, hermano!”. A los pocos minutos otra hermana se acercó y le dijo: “La noche en que fui convertida una gran luz me hirió en la cara y me dejó privada.”  Dijo él: “Traté de sostenerme, y al mismo tiempo de no esforzarme, mientras buscaba la luz. En aquella confusión, con trabajo logré ser convertido.”

Un dirigente cristiano muy inteligente me dijo una vez, que cuando se convirtió, la emoción que el predicador y la congregación esperaban de él, casi le impidió acercarse a Dios.

El sentimentalismo falso producido en algunas reuniones de avivamiento ha sido tropezadero para muchas almas sinceras y hambrientas. Pero la clase de arrepentimiento de que hablo, es el verdadero arrepentimiento bíblico, que incluye tres cosas: el intelecto, la emoción y la voluntad.

Billy Graham.

El clamor de la humanidad

Mas no estás solo. Todo el mundo viaja contigo, pues que toda la humanidad está empeñada en esta misma búsqueda. Toda la humanidad procura hallar una respueta a su confusión, a la enfermedad moral y al vacío espiritual que le oprime. Todos piden guía, consuelo y paz.

Se nos dice que vivimos en una “época de ansiedad”. Los historiadores señalan el hecho de que han existido poco períodos en la historia, en los que el hombre ha estado sujeto a tanto temor e incertidumbre. Todos los apoyos comunes parecen haber sido quitados. Hablamos de paz, pero nos amenaza la guerra. Ideamos proyectos complicados para la seguridad, pero no la hemos logrado. Echamos mano de cualquier cosa deleznable (de poco valor o poco durable), y en el momento que la tocamos, desaparece.

Por generaciones hemos corrido como niños asustados, por callejones sin salida y nos decimos: “Este es el camino que nos conducirá al lugar deseado”, y en todas las ocasiones erramos.

(Billy Graham).

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