Archive for July, 2008

ENOC

ENOC:  un personaje misterioso

Poco se sabe de Enoc, pero lo poco que se sabe y que deja grabado la Biblia es que éste hombre fue alguien que supo disfrutar plenamente del compañerismo con el Señor. Su Señor que es nuestro Señor.

Una comunión tan estrecha e íntima que a Dios le agradaba de sobremanera.

Según la Palabra de Dios notamos que este hombre no efectuó milagro alguno, tampoco fue de esos que predicaran a las multitudes, no se sabe que haya hecho grandes obras, que fueran diganas de ser mencionadas para que quedaran estampadas en la historia.

Sin embargo ENOC fue agradable al Señor; y esta palabra  AGRADÓ en el griego significa: completamente unido. ENOC tenía una comunión íntima, tan cercana como nadie jamás la tuvo.  Tan cercanos estaban y en armonía que Dios sin duda eligió llevarlo con El a Su Reino. Quizá las palabras de Dios a su amado siervo ENOC fueron: “en la carne ya no puedes avanzar más para agradarme. Para aumentar aún más esta intimidad contigo tan solo será si te traigo conmigo.”

Tenía 65 años Enoc cuando fue padre de Matusalén. Luego pasaron 300 años de amor, compañerismo e intimidad con el Señor.   Hasta que; de repente lo tomó en sus brazos y lo llevó a los Cielos.

Su vida nos da ejemplo de lo que es un testimonio verdadero de caminar en fe.

hebreos 11:5

ewu

“PARA QUE LOS SUEÑOS SE HAGAN REALIDAD, HAY QUE ESTAR DESPIERTOS”

Francis Frangipane

SOMNOLENCIA ESPIRITUAL
 
Sólo porque caminamos y hablamos no significa que realmente estemos despiertos. Zacarías no estaba dormido cuando le levantó un ángel “como un hombre que es despertado de su sueño” (Zacarías 4:1).

Tal vez nosotros también tengamos que ser sacudidos de nuestro sueño para poseer las promesas de Dios. Asombrosamente, a pesar de todas las señales, prodigios y advertencias anunciando que realmente estamos en los últimos días, Jesús también dijo que hay una misteriosa somnolencia a la que nos tenemos que sobreponer. Ciertamente, tras resaltar las diversas pruebas del final (ver Mateo 24), Él comparó a la Iglesia con unas vírgenes que “cabecearon todas y se durmieron” (Mateo 25:5).

Las vírgenes dormidas al final de la era: parece incomprensible que con todas las señales de los cielos y las maravillas sobre la tierra no mencionar la presencia creciente de Cristo. Pero este fenómeno es algo con lo que todos luchamos: la tendencia a adormilarnos espiritualmente y perder la concentración mientras esperamos el retorno del Señor.
 
Hay actividad sutil del enemigo que apaga nuestra percepción y seduce nuestro fervor. Nuestra visión toma un lugar secundario ante otros aspectos menos importantes de la vida. Desde el principio, la voz de satanás ha tenido este efecto adormecedor sobre la humanidad. La excusa de la desobediencia de Eva fue “La serpiente me hizo olvidar”  (Génesis 3:13, según la traducción literal inglesa de Young, Young’s Literal Translation).

Este sentido de despiste espiritual, somnolencia, es la nube de ceguera que todos debemos discernir y vencer. El Espíritu Santo se refería a esto cuando me habló al corazón a través del siguiente sueño.
 
SI QUIERES QUE TU SUEÑO SE HAGA REALIDAD, DEBES DESPERTAR
 
Había un templo en un campo abierto. Mi vista del templo era lateral, a unos 180 metros de distancia. No podía ver su fachada, pero debía estar totalmente abierto porque del interior resplandecía una gran luz. Oscilaba como un si fueran relámpagos pero era sólida como la luz del sol. La columna luminosa salía en línea recta, y supe que esta luz era la gloria de Dios.
 
El templo estaba tan cerca que supe que con poco esfuerzo podría entrar en la gloria de Dios. Su santa presencia estaba claramente a mi alcance. También había otras personas delante de mí a quienes reconocí como gente de mi iglesia. Todos parecían estar ocupados. Y cuando el templo y su luz fueron visibles y accesibles a todos, cada cabeza estaba inclinada hacia abajo y vuelta en dirección opuesta a la luz. Cada cual estaba ocupado con otras cosas.
 
Oí decir a una persona: “Tengo que lavar la ropa”, otro dijo: “Debo ir a trabajar”. Pude ver a gente que leía periódicos, miraba la televisión y comía. Estaba seguro que todos podrían ver la luz si quisieran, incluso estaba más seguro que todos sabíamos que Su gloria estaba cerca.
 
Había aun menos personas leyendo la Biblia y orando, pero todos seguían con la vista hacia abajo. Cada cual tenía algún tipo de barrera  mental entre ellos mismos y el lugar de la presencia de Dios. De hecho, nadie parecía capaz de ponerse en pie, girar ni caminar con seguridad hacia la gloria de Dios que estaba tan cerca.
 
Mientras miraba, de pronto, mi esposa levantó la cabeza y vio el templo en el campo. Se puso de pie y caminó sin esperar, hacia la fachada abierta. Al acercarse más a la luz, se formó un manto de gloria, espesándose a su alrededor. Cuanto más se acercó, más densa era la luz que la rodeaba hasta que se detuvo en frente del templo y se volvió plenamente hacia el rostro ardiente de Dios.
 
¡Qué envidia sentí! ¡Mi esposa había entrado en la gloria de Dios antes de que lo hiciera yo! Al mismo tiempo descubrí que nada me impedía acercarme a la presencia de Dios, nada excepto un montón de cosas que hacer, responsabilidades que realmente gobernaban mi vida más que la voz de Dios. Al apartar  la carga de estas presiones, decidí levantarme y entrar yo al templo. Pero, lamentablemente, al levantarme en el sueño… ¡de pronto desperté!
 
El anhelo y la desilusión dentro de mí parecían inaguantables. Había estado tan cerca de entrar en la presencia de Dios. ¡Qué ganas tenía de entrar en el templo y ser consumido en Su gloria! Clamé: “Señor, ¿por qué dejaste que  me despertara?”
 
De pronto, la palabra del Señor respondió a mi clamor, diciendo: “Yo no quiero que la vida de Mi siervo sea realizada en un sueño. Si quieres que tu sueño se haga realidad, debes despertar”.
 
DESHACER LA PASIVIDAD, REORGANIZAR LAS PRIORIDADES
 
Amados, hoy, Dios nos está despertando a la realidad de Su presencia. Las promesas que el Señor nos da en las Escrituras deben convertirse para nosotros en algo más que unas realidades a modo de sueño reservadas para el más allá. ¡Moisés frecuentaba la gloria de Dios! Los setenta ancianos de Israel comieron y bebieron en la resplandeciente gloria de Dios (ver Éxodo 24:9-11). Jesús reveló la Gloria de Dios sobre el monte de la Transfiguración. Pablo dijo que todos podemos ver la gloria del Señor y ser transformados por la misma (ver 2 Corintios 3:18).

Por esta razón, la Biblia dice: “Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo ” (Efesios 5:14). Si realmente queremos que Cristo nos alumbre, primero debemos levantarnos de las distracciones que nos sepultan en apatía y tinieblas espirituales.
 
Justo en este momento, la presencia del Dios viviente está lo suficientemente cercana como para oír el susurro de nuestros corazones. Pero si queremos que nuestro sueño de estar en la presencia de Dios se haga realidad, debemos despertar.
 

Francis Frangipane

mi copa está rebozando

“Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebozando” Sal.23:5.
 Cuando uno habla con certeza y declara la palabra de Dios con plena convicción, uno amplifica la fe con su declaración.
 Aderezar: arreglar, componer, hermosear, condimentar o sazonar los manjares; adobar, guisar, preparar.  Ohhh, Dios
 mío, todo eso haces por nosotros y mira qué precioso: Nos prepara esa mesa deleitosa en PRESENCIA de aquellos
que te angustian.  Jojojojo,  Jesucristo toma su mantel de mesero, y nos prepara el banquete y ORDENA, a aquellos
que te han afectado, que te han humillado, que te han herido, que te han vociferado: “Un momento”—les ordena—
“ahora ustedes van a ver, tienen que conocer, a quién han perturbado, con quién se han metido, a quién no
han temido”—les aclara molesto–.Y tú lo ves, ves la mesa preparada, ves a tus enemigos delante de ti.
 Los ves enojados porque Cristo les ha ordenado quedarse a ver, mientras te ven degustar, saborear
 el banquete que Jehová te ha dado por cuanto has creído esta palabra y no te has detenido ante
 ellos maldiciéndolos, temiéndoles o creyéndoles.  No te has asustado, ni te diste por vencido (a)
ante los problemas.  Por el contrario, siempre confesaste con alegría y con certeza esta verdad. 
Y ahora, ven cómo nuestro Sumo Sacerdote según la orden de Melquisedec, Jesucristo mismo, te
unge con aceite mientras estás en la mesa y te llena todo tu ser del Espíritu Santo; ¿y qué mas vemos? 
Que la abundancia y el confort te han alcanzado y por lo tanto tu, mi copa, todo tu ser,  todo mi ser, rebosa
 del Shalom (la paz integral) de Jehová. Hay de todo en esta copa pero sobre todo paz porque estás lleno (a) de
 todo el bien de Dios.  De esa paz que el mundo no conoce porque no le conoce a Él ni le ha creído a sus promesas.
 ¡Cómo rebosa de abundancia nuestra copa, al creerle a Dios!

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